domingo, 26 de mayo de 2013

5ª Y ÚLTIMA ENTREGA CUENTO ADULTOS/ INTRIGA

Esa mirada de él, era muy penetrante y perturbadora; le tocó el hombro y no pasaron ni dos segundos, para que el cuerpo de Doris se desentumeciera y derrumbara en el suelo. Aún estando en el suelo, no quería perderlo de vista, pero fue inútil, en esa décima de segundo que Doris dejó de mirar, él volvió a desaparecer sin dejar rastro alguno.

Después de pasar la noche en vela , escuchando ruidos por doquier y, pensando que en cualquier momento, él podría aparecer de nuevo; le quedó muy claro que la próxima vez, no se limitaría a permanecer en silencio, inmóvil, mirándola, volvería a por ella y sus intenciones no serian nada buenas, o por lo menos eso pensaba ella.

Por lo tanto, decidió volver por donde había venido, ya había tenido suficiente de relax y de tensión al mismo tiempo. Parecía mentira lo que ella estaba pensando, echaba de menos el ruido de la ciudad, además de las personas que habitan en ella.

Después de un largo y tortuoso camino, lleno de angustia, estaba a punto de llegar al coche, pero su intuición le decía que él la estaba siguiendo, que la había seguido siempre, la única duda era cuando volvería a aparecer y de que manera, eso le creaba mas angustia si cabía, sentía su corazón en la garganta, solo le quedaban unos pasos para alcanzar el coche, no paraba de mirar hacia tras, cuando se tropezó con una piedra, que por los nervios no habia visto y cayó de bruces al suelo. No podía quedarse inmóvil allí, se levantó como un rallo, volvió a mirar a su alrededor, le parecía que todo se movía cerca de ella, incluso veía sombras, donde no había nada o por lo menos, eso era lo que ella creía. No podía despistarse ni un momento o el final podría ser nefasto.

Subió al coche, cerró todos los seguros de las puertas, buscó en el bolsillo de su mochila, las malditas llaves del coche, lo quería hacer tan rápido, que lo único que hacía era empeorar la situación. Por fin dio con ellas, las puso en el contacto del coche y voilà! ¡arrancó!, nunca le había gustado tanto como hoy, ese ruido estridente del motor, pero hoy se alegraba tanto de oírlo.

Condujo todo el camino muy tensa, y cada vez el miedo, dejaba de tener tanta fuerza, sin darse cuenta se iba relajando, solo pensaba que, estaba dentro del coche, no podía aparecer, se había alejado ya lo suficiente, de esa maldita montaña y quedaba muy poco, para llegar a su hogar, dulce hogar.

Empezó a ver en la lejanía, las luces de ese maravilloso semáforo, que nunca funcionaba en su ciudad, eran de color ámbar como siempre, seguía sin funcionar evidentemente. Todo parecía estar igual a cundo se marchó.

Aparcó el coche delante del edificio donde vivía, así podría estar menos tiempo en la calle y con menos riesgo a....., realmente no sabía a que tenia que tenerle miedo en ese momento. Ya había pasado mucho tiempo y algunos kilómetros habían ya, entre ella y él.

Salió del coche sin coger la mochila siquiera, las llaves se le cayeron de las manos, volvió a girarse para ver si había alguien cerca de ella, pero no, solo vio las cortinas de una de sus vecinas del edificio de enfrente, moverse ligeramente, su vecina si la espiaba, siempre la espiaba. ¡Dios! se había entretenido demasiado, volvió a ser consciente de que, tenía que entrar en casa lo antes posible. Por fin pudo abrir la puerta. El ascensor no iba, así que subió lo más rápido que pudo, abrió la puerta de su apartamento, entró, pegó un portazo y cerro con llave. Retrocedió desde la puerta a la butaca, sin dejar de mirar la puerta, colocó la butaca lo más lejos posible de la puerta, pero a la vez en un lugar que pudiera verla.

En ese instante sonó el teléfono, saltó de la butaca, el susto fue tremendo, el corazón se le iba a salir del sitio, ¿quien llamaba?, nadie sabia que estaría ese día en casa, además Doris no tenia muchos amigos, así que dejo que sonara, una vez y otra vez, hasta que dejó de hacerlo. Fue un alivio para ella.

Las horas pasaban y ella empezaba a estar cansada, después de la noche que había pasado, necesitaba dormir, los ojos empezaban a cerrarse, aunque ella quería hacerse la fuerte, pensaba que podría aguantar otra noche mas sin dormir, ¿cuantas noches podría aguantar así?, no lo sabía, pero no podía dejarse vencer por el sueño, sabia que su vida corría peligro.

De repente, empezó a sentir unos pasos que se acercaban a la puerta, quien podría ser si no él, eso es lo primero que le vino a la mente, era él, venía a buscarla, ¿como la había encontrado, no lo sabía?.

Le asaltaban tantas incógnitas, pero no tubo tiempo a reaccionar, empezó a sentirlo a notarlo, era esa sensación, de nuevo un escalofrío inundó su cuerpo, pero esta vez era diferente, notaba algo que era diferente, podía moverse, no se había quedado inmóvil. Se levantó de la butaca casi de un brinco y empezó a retroceder, mientras su mirada no se apartaba de la puerta. Empezó a vislumbrar que el pomo de la puerta se movía suavemente, alguien intentaba abrir la puerta, se movió varias veces, pero no conseguían abrirla.

Entonces solo hubo silencio, demasiado silencio, demasiada quietud, siguió retrocediendo, ella sabía que volvería a intentarlo, aunque no sabia de que manera. Fue entonces cuando tropezó, no sabía con que, pero calló hacia atrás, atravesando la única ventana que no estaba cerrada, precipitándose al vacío. Se podían escuchar los gritos de Doris desde cualquier parte del edificio. En la mente de Doris solo habia una pregunta. ¿Quien eres?

Y la respuesta estaba clara, alguien le contestó con una voz profunda y firme.

  • Eso no importa ahora. Estas a punto de morir.

De golpe Doris sentía mucha paz, esa paz que ella estaba intentado buscar siempre y no encontraba.

Lo que nunca hubiese imaginado, era que esa paz que buscaba no iba a ser tal. Su mente se llenaba de imágenes de personas que ella, ni siquiera conocía; de personas que …. ¡¡¡¡¡estaban a punto de morir!!!!!

Cada persona buscaba la manera, unos utilizaban revolver, otros cuchillo, gas, saltar al vacío...

Millones de imágenes asaltaban su mente, era un bombardeo continuo.

Se empezaba a preguntar si eso era morir, sufrir eternamente ese calvario.

De repente su mente quedó en blanco, en medio del silencio y de nuevo, una voz surgió de su interior, esa voz profunda y firme, la misma que había sentido cuando cayó por la ventana.



  • Piensa en lo sucedido, ¿como ha ocurrido todo?, seguro que sabes a que viene todo esto y lo que quiere decir.

  • ¿Estas segura de que no fuiste tu?

En ese momento fue capaz de sentir el silencio, un silencio que no le daba miedo, que solo le ayudaba a concentrarse y ser capaz de pensar, en lo que aquella voz le estaba decidiendo.

  • Veo que ahora si estas preparada, preparada para entender.

    floretagroga

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